Tan sólo al cabo de muchos años de vida pude darme cuenta de la realidad de un hombre en aquel tiempo. Un hombre que nacía a principios del siglo veinte, nacía desnudo- como cualquier otro. Después de varios años de adaptación al mundo al que es arrojado, se coloca una capa- más conocida como “los pantalones de la casa” o “el par de...”; no le queda otro remedio que ser el fuerte, el valiente, de imponer frente a cualquier eventual peligro. En sus últimos suspiros, se le cae la capa: vuelve a quedar desnudo; pero es una desnudez llena de experiencia, quizás todo lo que un niño, igualmente desnudo, hubiese soñado tener para enterarse de las conversaciones adultas, y para poder insultar a los pesados de sus amigos con más elegancia, o quizás para saborear el buen vino “como un mayor”. Tras esta ruptura de la capa para volver a la desnudez infantil, el hombre llega al final de las analogías: cuando vi llevar a mi abuelo hacia la tumba en aquel recipiente, comprendí que quedaría enterrado con su capa de por vida. Tuvo que llevar la cabeza bien alta hasta el final.
Très émouvant... merci pour lui...
ResponderEliminarDu fond de mon coeur...
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