No sé cómo llego a coger un bolígrafo. No sé cómo no se me escapan los objetos de las manos ni cómo consigo incluso desplazarlos de un lugar a otro. No sé cómo los espejos me reflejan. Creo que me veo. Sin embargo, lo mismo no sucede cuando salgo a la calle. Es como si todos los espejos me intentasen reflejar, y todos se rompiesen. Tan rotos quedan que ni yo consigo verme. Pero parece que sigo pudiendo sujetar mi bolígrafo, y abrocharme la chaqueta apoyada sobre mi cuerpo cuando hace frío. Sí, también siento frío. Mucho frío. Suelo necesitar abrigarme. Sí, los abrigos se sujetan sobre mi cuerpo. Vale, creo que soy un cuerpo. Por lo menos eso. ¿No? Porque si no, dime, ¿se sujetarían los abrigos en mi cuerpo? Tengo que ser cuerpo. Por lo menos eso. Pero quizás pensé que todos los cuerpos son igualmente visibles y no es así. Porque, entonces, ¿cómo explicas que solo los bolígrafos y los abrigos se den cuenta de que, por lo menos, soy un cuerpo? Creo haberme oído alguna vez. Puede ser. ¿No? No me consideraba loca... Además, para ello necesitaría ser algo más que cuerpo. ¿La locura se refleja en los espejos? Si se reflejase, podría concluir ciertamente que no estoy loca. Bueno, me quedaré con la duda. Me. Duda. Uy, va a resultar que los cuerpos no solo sujetan bolígrafos y abrigos. Cuántas cosas... ¿Eso lo reflejarán los espejos? En fin. Seguiré vagando entre las sombras.
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