miércoles, 10 de junio de 2015

Nada.

No sé cómo llego a coger un bolígrafo. No sé cómo no se me escapan los objetos de las manos ni cómo consigo incluso desplazarlos de un lugar a otro. No sé cómo los espejos me reflejan. Creo que me veo. Sin embargo, lo mismo no sucede cuando salgo a la calle. Es como si todos los espejos me intentasen reflejar, y todos se rompiesen. Tan rotos quedan que ni yo consigo verme. Pero parece que sigo pudiendo sujetar mi bolígrafo, y abrocharme la chaqueta apoyada sobre mi cuerpo cuando hace frío. Sí, también siento frío. Mucho frío. Suelo necesitar abrigarme. Sí, los abrigos se sujetan sobre mi cuerpo. Vale, creo que soy un cuerpo. Por lo menos eso. ¿No? Porque si no, dime, ¿se sujetarían los abrigos en mi cuerpo? Tengo que ser cuerpo. Por lo menos eso. Pero quizás pensé que todos los cuerpos son igualmente visibles y no es así. Porque, entonces, ¿cómo explicas que solo los bolígrafos y los abrigos se den cuenta de que, por lo menos, soy un cuerpo? Creo haberme oído alguna vez. Puede ser. ¿No? No me consideraba loca... Además, para ello necesitaría ser algo más que cuerpo. ¿La locura se refleja en los espejos? Si se reflejase, podría concluir ciertamente que no estoy loca. Bueno, me quedaré con la duda. Me. Duda. Uy, va a resultar que los cuerpos no solo sujetan bolígrafos y abrigos. Cuántas cosas... ¿Eso lo reflejarán los espejos? En fin. Seguiré vagando entre las sombras.

martes, 9 de junio de 2015

Nos

Ven. Ven y mírame. Mírame porque existo. Existo porque estás ahí. Ahí no te quedes. Quédate conmigo. Conmigo te haré feliz. Feliz porque así me haces tú. Tú cuando quieres conmigo. Conmigo camina hacia el vacío. Vacío que taparemos con amor. Amor el que solo quiero contigo. Contigo seguiré mis latidos mientras respire. Respiremos juntos el mismo aire. Aire no quedará entre nosotros. Nosotros. Nosotros, tú y yo y nuestro nos, no nos quite el vacío nos tú y yo, yo tú mi todo.

miércoles, 3 de junio de 2015

Y ahora, enamorada

Y ahora, enamorada, digo:

Vine aquí para vivir, porque los muertos no respiran, y yo creo que sí; encontré lo que quería, lo que quiero, aunque no sé ni lo que soy, solo sé que hoy le quiero, ayer le quería, y mañana creo que todavía también; he de tomarle por la mano y susurrarle al oído: "Cielo. Mi amor. Mi vida. Mi todo. Eres lo que llevo toda la vida buscando. Y, ahora que te he encontrado, debo acompañarte hacia otro lugar. Cuando nos vayamos acercando, empezarás a notar cómo la temperatura ha bajado de unos pocos grados. Sigue sin abrir los ojos, yo te llevo. Según vaya avanzando el camino y transcurriendo el tiempo, te darás cuenta de que ya estamos bastante lejos. Irás notando cómo lo que antes era camino ahora se vuelve hierba alta y va rozándote los tobillos, las rodillas, hasta pararse en tus caderas. A medida que el contacto con la hierba alta aumente, notarás la mano más holgada. La derecha, sí, tu izquierda. Dejaremos de caminar, pues no nos queda camino. Una brisa de aire te avisará cuándo puedes abrir los párpados. En el momento en que divises un cerezo entre las hierbas, unas nubes al fondo tapando una montaña nevada, un poco de barro a la altura de tus piés. Y un banco solo. Habrás llegado. Te darás cuenta de que nuestros anillos ya no se chocan produciendo un sonido frívolo. Esa brisa que notabas en el rostro ahora la notarás hasta la punta de los dedos. Tuve que marcharme. Pero no volví sobre mis pasos. ¿Ves el vacío que se intuye entre el cerezo y las nubes? Es el acantilado por el que tuve que marchar. Te quiero. Se me olvidó murmurarte al oído."