Y entonces volví a aquel lugar y él ya no estaba, ni ella, ni nadie. Los
olores que emanaban de las plantas llegaban hasta mi nariz; el sobrecogimiento
que me causaba la visión de aquellos paisajes escoceses, seguía ahí. En aquel
instante me di cuenta de algo que había estado ignorando toda mi vida: esa cosa
tan especialmente profunda que me penetraba y recorría las entrañas hasta
dejarme sin soplo con que expresar lo que sentía, eso, estaba dentro de mí.
Deseaba revivir los paseos entre aquellas farolas que iluminaban la plaza
desierta de un tono rosado que casi parecía sacado de un cuento de hadas; y lo
conseguí. Por primera vez en media vida de ilusiones y enamoramientos, conseguí
vivir por mí. Ya nadie podría decidir por mí cuándo sentir amor, un amor que no
siente la pareja, aquel concepto extraño en que extrapolamos nuestras mayores
pasiones con una falsa impresión de reciprocidad. Mis lágrimas no pertenecen a
nadie más que a mis mayores frustraciones e ilusiones; sus ausencias no me
pertenecen de ninguna manera tampoco. He vivido mil y una historias de amor
propio, desgarrándome, deseándome, respetándome, insultándome. Y, al final,
decidí tratarme con cariño, puesto que me enteré de que yo era mi media
naranja.
"¿Y si te desnudo en versos, te acaricio en letras, mientras nos besamos en párrafos y copulamos en poesía, ocasionando un amor textual e instaurando una lujuria bucólica?"
lunes, 4 de noviembre de 2019
martes, 19 de marzo de 2019
Siempre vuelven
Siempre vuelven; siempre vuelven sus demonios. Me ven, me agarran, me
atrapan, me besan y me sueltan enamorada. Y siempre vuelven; cuando parezco
haberme deshecho de ellos, me vuelven a embrujar, ¡demonios! Inocente de mí,
que les veo cómo despliegan la alfombra roja frente a mi corazón, cómo se hacen
paso entre mis órganos vitales y se adentran en su objetivo hasta bloquear el
flujo regular de sangre entre mis venas.
Así dicho, no parece algo bonito, el amor. Eso que se dice y que tanto se
ignora. Yo creo, casi con certeza, que los demonios son amor; un amor que no
sabe amar. Porque ellos son capaces de detenerlo todo. ¿Todo? Sí, ignorantes,
¡todo! Los planetas, el viento, las corrientes, las horas, las palabras por
decir. Ya nada vive fuera de su amor; incluso su víctima está muerta.
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