domingo, 26 de abril de 2015

La araña no encuentra su tela

La araña no encuentra su tela. Escala lentamente por un hilo invisible en el aire. Avanza con decisión una pata tras otra, con toda elegancia, cual paso español, burlando al caballo.

Se detiene en un punto, quizá a controlar sus vértigos, quizá a descansar las pulsaciones. Puede que se haya dejado una mosca varios metros atrás. No. La araña no encuentra su tela. 

La araña tantea los hilos, más finos que sus finas patas. Toca. Toca en el aire para encontrar su tela. Esas redes invisibles de caminos que ni ella controla.

A la araña le quitan su casa. Elegidas manos que destrozan su enturbiado camino. Irrevocable destrucción. Revocable creación. La araña no encuentra su tela. La araña creará otra tela.



Escucha esas palabras...

Algunas personas me preguntaron- o quizá quise yo imaginarlo- a qué se debía ese afán por titular en inglés o en francés textos en puro castellano- o casi. Pues bien, resulta, queridos curiosillos, que hay ciertas palabras que suenan por sí mismas. 
Ese "burns" quema por dentro; el sonante rebotar de su "r" en el momento en que el cuerpo tiembla y se sobresalta al contacto del fuego se alarga en su posterior quemadura y cicatriz con la amarga nasal y su frívola compañera "s".



Cuéntame un cuento, querida planta

La planta cuenta cuánto queda para ser menta. Y cuando yo caigo en la cuenta, ella ya es menta. Quizás siempre lo fue, nunca me lo contó. Y yo sola no me di cuenta. ¿Qué contaba entonces la menta? No lo sé. Yo nunca la escuché.

Un amor gomoso

Critica todo lo imborrable. Su atrayente textura reúne textos de palabras y promesas y marqueses y marquesas. Rodea mentiras traviesas y pisa voces ilesas.

Conoce el sentimiento, el sufrimiento, y lo cubre de cal y de viento. Lo decora de rico revestimiento.

A su paso pisa y pasa tan deprisa y ni se cansa. Desprende esencia que se queda tras su ausencia y sigue, sigue borrando corazones con impertinencia.