Cuando miré por la ventana percibí un cuerpo deambulante con gracia a la sombra del sol. Más nítidamente pequeño se me hacía según... te ibas aproximando. Pero un rayo de luz me deslumbró las ideas, y aquella casi imperceptible imagen se me volvió totalmente desconocida. Ya no eras tú. Pero, ¿tú, quién eras? Demasiado tiempo debí de quedarme pensando que para cuando quise cesar de hacerlo, tu imagen se había esfumado como una nube al viento... ya no quedó nada. Entonces comprendí que yo no era nada para ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario