Siempre
el mismo sentimiento de incertidumbre humedeciendo mis pupilas. No es el
desamor ni la falta de correspondencia tanto como los silencios que se esconden
tras esas palabras, esas miradas, esas caricias, cómplices todas ellas de un
recíproco bombear interno, un continuo temblor cardiovascular. ¿Qué tenemos
cuando lo que creemos tener no cree ser nuestro?
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