domingo, 6 de noviembre de 2016

Agosto

Porque en tu rostro, en tus ojos,
En tu piel que acaricio,
Mi orgullo recojo,
Tarde, y tan lleno de vicio.

No una caricia indeleble,
Unos ojos, un rostro,
Ni mi alma está indemne
Tras verte: agosto. 

 

jueves, 9 de junio de 2016

El abuelo

Tan sólo al cabo de muchos años de vida pude darme cuenta de la realidad de un hombre en aquel tiempo. Un hombre que nacía a principios del siglo veinte, nacía desnudo- como cualquier otro. Después de varios años de adaptación al mundo al que es arrojado, se coloca una capa- más conocida como “los pantalones de la casa” o “el par de...”; no le queda otro remedio que ser el fuerte, el valiente, de imponer frente a cualquier eventual peligro. En sus últimos suspiros, se le cae la capa: vuelve a quedar desnudo; pero es una desnudez llena de experiencia, quizás todo lo que un niño, igualmente desnudo, hubiese soñado tener para enterarse de las conversaciones adultas, y para poder insultar a los pesados de sus amigos con más elegancia, o quizás para saborear el buen vino “como un mayor”. Tras esta ruptura de la capa para volver a la desnudez infantil, el hombre llega al final de las analogías: cuando vi llevar a mi abuelo hacia la tumba en aquel recipiente, comprendí que quedaría enterrado con su capa de por vida. Tuvo que llevar la cabeza bien alta hasta el final.