lunes, 30 de marzo de 2015

Burns like ice

Es como el hielo. Como un efímero trocito de hielo que queda tras la congelación del agua. Un trocito que se supone helado pero, al tocarlo, abrasa y, sin embargo, refresca al mismo tiempo. Y te parece tan curioso y especial ese trocito de hielo que inevitablemente acabas probando el sabor de su superficie y, para cuando quieres darte cuenta, no puedes soltar la lengua de él, y, al intentarlo, te duele. El hielo, inconscientemente, tira, y tu lengua sigue adherida a él hasta que, una vez consigues soltarte, la lengua de nuevo te quema como fuego. Ya no la sientes. Y da igual lo que se le presente: desde el bombón más dulce hasta el tacto más suave de otra... Ya da igual. Ya ha quedado quemada por el hielo.

Y, el hielito, con la temprana vuelta del sol, acaba derretido en agua; agua que se desliza por todas las superficies de la Tierra, alimenta todo cuanto toca, crece las plantas y llena los océanos, y llega hasta las mismas nubes, no hay espacio que no cubra el hielito...

Y, desde que aquel hielito se derritió en agua, no hay vida que subsista sin su perpetuo e incesante fluir en su interior.

Hoy, ese hielito niebla de agua mis pupilas...